Retiros en familia marianista: Retiro en el Pto. Sta. María (13-15 marzo)

Llegamos a la casa emocionados por la experiencia de un fin de semana alejados de nuestra cotidianeidad, con muchas ganas de vivir algo premeditado e inusual, diferente a nuestras experiencias diarias, automáticas, urgentes y, a veces, sin mucha reflexión. Compartimos vida durante esas 48 horas con profesores de Jerez, Cádiz, hermanos de CEMI y Fraternidades de Jerez y Cádiz, Familia Marianista unida en un momento y un lugar incomparables.

No es fácil convivir con el silencio: hay silencios buscados y silencios encontrados, dolorosos, emocionantes y felices. El peor silencio es el de la ausencia de seres queridos, y el mejor el del encuentro. Estar con alguien en silencio, no tener que hablar, solo estar, sentir, deleitarse en el encuentro y también sufrir.

Muy bien sugeridos y singularizados los distintos tipos de silencios chaminadianos: silencio de palabras, de gestos, pensamientos, mente, emociones, pasiones, imaginación. Siempre con mucho respeto y elegancia nos invitan a plantearnos cómo somos “sal” en nuestras vidas. Y de ahí al Amor de Dios, aderezado con música de Supertramp.

Nos proponen un pequeño “atelier”, creatividad y espiritualidad como conexión con el interior y lo trascendente, música de Schubert, bellísima experiencia. La música resultó un gran acierto, nunca habíamos escuchado a Supertramp, U2, Fito Páez, Robe Iniesta (Extremoduro) en un contexto de Fe. Junto a ellos cantamos y rezamos con Nil Moliner, Ain Karem y Brotes de Olivo.
Vivimos mucho más en esas horas: oración personal y comunitaria, reconciliación con uno mismo, con los demás y con Dios Padre Bueno. Para concluir vivimos una eucaristía redundante de “Acción de Gracias”.

Lo decimos alto y claro: ¡Sois unos valientes!

Noelia, Raúl, y Paco porque nos colocan el Amor en el centro de todo, amor a uno mismo, a nuestras dudas, debilidades, Amor al otro y a las suyas y el compromiso imprescindible como coherencia por el encuentro. Y mientras tanto, suena Jorge Drexler cantando “Amar es cosa de valientes”.


Hoy de vuelta en nuestra Galilea solo hay palabras de agradecimiento.

María José Santos y Leoncio Fernández